SUMERIOS EN AMÉRICA DEL SUR: LA FUENTE MAGNA Y EL MONOLITO DE POKOTIA. PRIMEROS INDICIOS DE LA LEYENDA DE MANCO CÁPAC

SUMERIOS EN AMÉRICA DEL SUR: LA FUENTE MAGNA Y EL MONOLITO DE POKOTIA. PRIMEROS INDICIOS DE LA LEYENDA DE MANCO CÁPAC

Fuente Magna

Una mañana de 1960, un campesino encontró una vieja vasija en un terreno privado en Chúa, Bolivia, a unos 80 kilómetros de La Paz, en las cercanías del lago Titicaca. El objeto es un gran vaso de piedra, parecido a un recipiente para efectuar libaciones, bautizos o ceremonias purificadoras, que con el tiempo recibió el nombre de Fuente Magna, uno de los hallazgos arqueológicos más controversiales de toda América.

En la parte externa, el vaso contiene algunos bajorrelieves zoomorfos (de origen tihuanacoide), mientras que en el interior, además de una figura zoomorfa o antropomorfa (según la interpretación), hay incisos dos tipos de escritura diferentes, un alfabeto antiguo, proto-sumerio, y el quellca, idioma de la civilización Pucará, antecesora de Tiwanaku, circa 3.500 a.C.

En 1960, el arqueólogo boliviano Max Portugal Zamora efectuó algunos pequeños trabajos de restauración en el vaso de piedra e intentó descifrar sin éxito la misteriosa escritura que está tallada en la parte interior. Hasta fines del siglo XX, nadie sabía en realidad de dónde provenía la Fuente Magna y nadie podía imaginar la extraordinaria y fascinante historia que encierra.

En el 2000, dos investigadores de La Paz, el argentino Bernardo Biados y el boliviano Freddy Arce, viajaron a Chúa, fotografiaron y estudiaron a fondo el vaso, llegando a la conclusión de que era utilizado en la antigüedad para ceremonias religiosas purificadoras. Los dos investigadores enviaron fotos de las inscripciones al epigrafista estadounidense Clyde Ahmed Winter, quien descifró los enigmáticos grabados que se encontraban al interior de la Fuente Magna y corroboró que se trataba de un texto en idioma proto-sumerio. A continuación, la traducción de los caracteres cuneiformes sumerios:

“Acérquense en el futuro a una persona dotada de gran protección en el nombre de la gran Nía. Este oráculo sirve a las personas que quieren alcanzar la pureza y reforzar su carácter.
La Divina Nía difundirá pureza, serenidad, carácter.
Usa este talismán (la Fuente Magna), para hacer germinar en ti sabiduría y serenidad.
Utilizando el santuario adecuado, el santo ungüento, el sabio jura emprender el justo camino para alcanzar la pureza y el carácter.
¡Oh sacerdote, encuentra la luz única para todos los que desean una vida noble!”.

Según los textos antiguos, Ni-ash (Nammu o Nía) era la diosa que dio a luz al Cielo y a la Tierra, en los tiempos de los sumerios. “Nia” o “Nammu” es la diosa sumeria que identifica al “abismo de las aguas” en el océano primigenio. Fue la primera deidad y origen del todo. Diosa del nacimiento, su lugar de culto se centró en la ciudad sumeria de Ur. En muchos textos es identificada como consorte de An y madre de Enki. Se representa como un anfibio, un ser de aspecto reptiliano.

El bajorrelieve que hay en la parte interior del vaso, que puede evocar una rana (símbolo de fertilidad), según algunos investigadores es justamente la representación de Nía, la diosa de los Sumerios. Los otros símbolos que se encuentran a los lados del bajorrelieve y en la parte adyacente a las incisiones proto-sumerias, fueron interpretados como quellca, idioma escrito de la civilización Pucará, pero no han sido descifrados.

En la parte externa del vaso hay algunos bajorrelieves zoomorfos que recuerdan a la cultura de Tiwanaku: pez y serpiente. Es muy probable que la Fuente Magna haya sido utilizada como vaso sagrado para ceremonias esotéricas que evocaban el culto de la fertilidad y la búsqueda de la pureza.

Una vez descifrados los caracteres cuneiformes y habiendo corroborado su origen sumerio explotó el asombro junto con la impostergable pregunta: ¿cómo es posible que haya inscripciones proto-sumerias en un vaso encontrado cerca al Titicaca, a unos 3800 metros de altura sobre el nivel del mar, distante decenas de miles de kilómetros del lugar de expansión de la civilización sumeria?

Monolito de Pokotia

El monolito de Pokotia es una estatua antropomorfa de piedra, de unos 1,70 metros de altura, que fue descubierta alrededor de 1960 en el sitio de Pokotia, a 2 kilómetros aproximadamente de la ciudad de piedra de Tiahuanaco, Bolivia, es decir, cerca de donde fue hallada la “fuente magna”.

En el 2002, los mismos investigadores, Biados y Arce, analizaron el monolito y descubrieron inscripciones no sólo en la parte frontal, sino también en la dorsal. Del análisis de la estatua se puede afirmar que ésta pertenece a un período anterior a la civilización Tiwanaku clásica. Según el estudioso Clyde A. Winters, en el monolito de Pokotia hay varias inscripciones (de origen proto-sumerio), pero las más importantes están debajo de las manos (que están apoyadas en los muslos) y en la parte dorsal (en la espalda de la estatua).

Esta es la traducción de las inscripciones que se encuentran en la parte frontal, según Clyde A. Winters:

“Divulguen a toda la humanidad la apertura del oráculo de Putaki. Se proclama que la estirpe de Putaki será estimada en el tiempo. Actúa justamente, de modo que el oráculo pueda divulgar la sabiduría. Aprecia el culto. Todos deben dar testimonio de la voluntad divina. El adivino interpretará la guía del oráculo, con el fin de anunciar las reglas que regirán a la humanidad. Los ciudadanos darán testimonio a favor del ser humano, que difundirá sabiduría y será ejemplo de carácter fuerte”.

En la parte frontal izquierda de la estatua hay otra inscripción que se interpreta así:

“El chamán proclama la inmensa importancia de este lugar, el poder de la divinidad, con el fin de entregar la sabiduría al hombre”.

Luego hay dos incisiones adicionales en la misma parte frontal:

“¡Oh, gran Putaki, hombre sabio y progenitor de muchas gentes!”.

Y otra más:

“Jura dar testimonio de carácter y sabiduría. Da testimonio del poder de la divinidad, con el fin de reforzar tu carácter”.

En la mano del monolito estaría escrito, todavía según Winters:

“El oráculo de Putaki conduce al hombre a la verdad. Este oráculo precioso hará germinar la estima, ahora testimonia su fuga”.

En lo que respecta a la parte dorsal del monolito, hay varias interpretaciones. Según Clyde A. Winters, esta sería la traducción:

“La norma ideal es el oráculo. Este oráculo lleva al conocimiento de la voluntad divina. Distribuye a toda la humanidad la voluntad divina. Entiende el sentido de la voz perfecta. El oráculo esparcirá serenidad. Escuchen el oráculo, llamen al adivino. El adivino habla sabiamente. La voluntad divina será visible y destellante, saliendo de la boca del oráculo. Escuchen al adivino, escuchen el oráculo para poder adquirir sabiduría y carácter. Escuchen el oráculo para difundir la voluntad divina, siguiendo el Bien legítimo y justo. Invoca el alimento puro para el oráculo. Oh, oráculo, eres el testimonio de la pureza. Difundirás serenidad y sabiduría. El oráculo de Putaki es padre de la sabiduría y beneficio para todos. Se volverá un testimonio visible de la sabiduría y de la voluntad divina. Difundirás la voluntad divina y serás testimonio de su poder”.

Según Winters el monolito de Pokotia era un oráculo de nombre Putaki. Las inscripciones que hay allí grabadas estarían en proto-sumerio pictográfico, aunque no cuneiforme como en la Fuente Magna. Los autores de las inscripciones del monolito de Pokotia serían entonces los mismos que hicieron las incisiones de la Fuente Magna, en un período comprendido entre el 3000 y el 2000 a.C. Winter también sugiere que el proto-sumerio derivaría, junto al proto-dravídico y al proto-mandé, de pueblos que vivieron en el Sahara antes del diluvio.

Hay también otra traducción de las inscripciones dorsales del monolito de Pokotia. Es una interpretación del quellca pictográfico, el antiguo idioma del altiplano andino, hablado quizás por un restringido círculo de sacerdotes en la cultura Pucará o en la Tiahuanaco clásica. Según esta interpretación, que se basa incluso en cálculos arqueo-astronómicos, las inscripciones situadas en el dorso del monolito significarían:

“En el tiempo en que Manco Cápac y Mama Ocllo salieron de las aguas del lago Titicaca, apareció en el cielo una nueva estrella justo al lado de la Cruz del Sur. Sucesivamente, la estrella se hizo más pequeña y luego desapareció del cielo. Se veía sobre los montes en el horizonte entre dos montañas y comenzó a brillar el tercer día del cuarto mes”.

Según esta interpretación, por lo tanto, la parte dorsal del monolito relataría la explosión de una supernova, justo cuando la célebre leyenda de Manco Cápac y Mama Ocllo contaba que ellos salieron, o bien, “nacieron” del lago Titicaca.

Después de haber analizado tanto la Fuente Magna como el monolito de Pokotia, estoy cierto afirmar que los dos hallazgos son auténticos y que ambos contienen inscripciones proto-sumerias y quellcas.

Según la tesis de Bernardo Biados, los sumerios circunnavegaron África ya a partir del 3000 a.C. El hecho de que, una vez que llegaran a Cabo Verde, se enfrentaran a vientos contrarios, hizo que se dirigieran y se adentraran en el océano en busca de vientos favorables (la misma ruta fue recorrida siglos más tarde por los fenicios, los cartagineses y los portugueses). Fue así como, accidentalmente, los navegantes sumerios se encontraron en las costas de Brasil, probablemente en los actuales estados del Piauí o Marañao. Como estaban en busca de metales, se dirigieron al interior del continente y, navegando a lo largo del río Madeira y del Beni, llegaron al altiplano andino, lugar que, además de ser rico en metales, es considerado sagrado desde tiempos arcaicos, por la existencia misma del lago Titicaca, el más alto del mundo. Algunos sumerios permanecieron en el altiplano andino y se mezclaron con las etnias Colla y Arawak, mientras que otros regresaron a su patria.


Es interesante ver las similitudes, sobre todo en las consonantes, de los siguientes términos: Pusharo (PSR), Pucará (PKR), Pokotia (PKT), Putaki (PTK). Por consiguiente, es posible que el origen de la civilización Pucará y, sucesivamente, del sitio de Pokotia (con el oráculo de Putaki), sea la selva amazónica, con los enigmáticos petroglifos de Pusharo (Los Petroglifos de Pusharo son un conjunto de grabados en roca, posiblemente de origen amazónico, ubicado en las riberas del río Palotoa, en el Parque Nacional del Manú, en Perú y que fueron tallados entre hace 1000 y 2000 años; el 25 de marzo del 2015, el Banco Central de la Reserva del Perú ha acuñado una moneda alusiva a los petroglifos como parte de la serie numismática “Riqueza y Orgullo del Perú”).

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