Novia por siempre

Novia por siempre

No sintió tristeza ni autocompasión por haber sido plantada en el altar vestida de blanco …No… no…Doménica no había sido criada así, ella no era una joven débil que rompería en llanto y se echaría a correr hacia la salida de la parroquia en medio de lloriqueos y demás gestos dramáticos…No… ella no actuaría como una joven melindrosa, así que cerró brevemente sus párpados, tomó aire profundamente y de forma calculada lo fue soltando de a pocos y a intervalos regulares, y una vez que recobró el aplomo, lanzó una mirada desafiante y altiva a todos los asistentes, levantó su barbilla con orgullo y se hizo acompañar del brazo por Harry, su único hermano y frustrado padrino de bodas. Desanduvieron erguidos y solemnes los escasos metros que les separaban del altar a la calle, y en el trayecto, ella fue rumiando su venganza…una que no le diera problemas con la justicia, pero que sumiera en el más profundo de los remordimientos a Julián, su novio infiel, y a la traidora de su amiga, Rosita.  

Indagó por meses dónde se habían alojado los felones, y una vez que los hubo ubicado, se puso nuevamente el vestido de novia y abordó un vehículo sin capota conducido por su hermano a guisa de chofer de limosina, y procedieron a pasar todas las tardes por el frente de la casa de la pareja que le había arrebatado su felicidad.

Julián y Rosita se estremecían con el claxon de las seis de la tarde, cada vez que el minutero y el segundero de la salita del pequeño apartamento que habían adquirido se acercaban al número seis del reloj, sus cuerpos involuntariamente comenzaban a temblar, sentían un nudo en el estómago y un gusto a ceniza se apoderaba de sus lenguas, sensaciones que permanecían por algunos minutos aun cuando el carro había desaparecido ya por la calle contraria. Y así transcurrió inexorable el tiempo por las tardes para la pareja y la novia frustrada con su hermano: día tras día, semanas tras semanas, meses tras meses, hasta cumplir trece largo años; pero pasó un día del nuevo aniversario de triste recordación sin que apareciera el enorme vehículo descapotable que le recordaba a los esposos sus veleidades pasadas…llegó las seis de la tarde y los esposos ya estaban abrazados mirando por la ventana como cada tarde a una de las esquinas, y el vehículo no apareció. Transcurrieron siete angustiosos minutos y el carro no asomó. Julián sacó la cabeza por la ventana y miró en ambas direcciones, tratando de divisar el auto anticuado en medio del tráfico que se apoderaba de las calles por ser una hora punta, y se mantuvo oteando por otros cinco minutos más sin llegar a distinguirlo. Ingresó nuevamente a su salita y acordó con su mujer Rosa en visitar a Doménica si no aparecía igualmente al día siguiente.

Llegó el nuevo día, pasó la mañana y la tarde, llegaron las seis horas de la tarde y no se escuchó el claxon del viejo vehículo ni asomó su gris y larga carrocería, esperaron cinco minutos más y al no haber señales del carro tripulado por Harry, se armaron de valor y actitud, y salieron en dirección a la casa de la novia.

Al llegar a la casa de Doménica y Harry, ésta lucía muy descuidada, la pintura lucía vieja, descolorida por el sol y en varios sectores se había desconchado por efecto de la humedad, el césped estaba reseco y amarillento, la hierba mala cundía por doquier. No fue necesario ir hasta el garaje, pues el viejo Continental estaba mal aparcado al frente. Con suma cautela, tocaron la puerta sin obtener ningún tipo de respuesta. Julián asió el pomo y abrió con delicadeza el viejo portón con decorados churriguerescos, y al hacerlo, un aire fétido y caliente les dio de lleno en sus rostros, haciéndoles trastabillar por la sorpresa y las arcadas que les sobrevinieron. Controlando las náuseas, ingresan a la vivienda con cautela mirando en todas direcciones a la casa que conocían de antaño. Una vez que los ojos de Julián y Rosa se adaptaron a la penumbra, avanzaron un poco cuando tocaron algo en el suelo. Rosa pegó un grito de horror, se tambaleó un poco y tuvo que apoyarse en el hombro de su esposo para luego deslizarse con lentitud hasta que estuvo de cuclillas en el suelo.

Y el espectáculo no era para menos. Harry, vestido de chofer, yacía inerte, boca abajo al lado de la mesa, un par de ratas mordisqueaban ansiosas una de sus orejas de la que no manaba sangre en absoluto, a pesar de haber sido comida casi en tu totalidad; una plaga de larvas y voraces insectos le rodeaban por completo y movían sus ropas por sus movimientos frenéticos, infiriéndole una actividad artificial al torso y pantalones. Controlando su terror y natural repugnancia, los esposos tomados de la mano rodearon el cuerpo yaciente y avanzaron lentamente hacia el segundo piso, donde sabían que dormía Doménica. Al llegar al dormitorio consabido, no hubo necesidad de abrir la puerta, pues ésta se encontraba abierta de par en par, encontraron a Doménica sentada sobre su cama aún con el vestido de novia puesto, el velo anticuado y raído por el tiempo dejaba ver su mirada…o lo que habría sido su mirada, pues el lugar que antes estaban ocupados por un par de brillantes ojos con sus irises verdes como las esmeraldas, ahora lucían vacíos y no quedaban más que unas horripilantes cuencas que se acentuaban más por la tenue luz que les llegaba de costado; la cabeza estaba revestida por escasos mechones de cabellos grises o canos que servían de marco grotesco para el rostro, éste estaba cubierto por una piel momificada grisácea, salpicada de manchas verdosas y costras parduzcas de las que exudaba un líquido ambarino que se perdían entre los abalorios del vestido …y del que otrora fuera un cuerpo voluptuoso, exuberante y bien proporcionado que tenía encandilado a las vistas masculinas, no quedaba más que un apolillado vestido holgado por la flacura de la osamenta.


Rosita, en un arranque de piedad, cogió una pequeña manta tejida y multicolor que estaba en una silla aledaña a la cama, se acercó con cierto temor a los despojos y trató de cubrirlo lo más humanamente posible, y al hacerlo, se desprendió de una de las garras del cadáver, el ramo de rosas artificiales descoloridas que fueron a parar a los pies de la obligada samaritana…

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