HUELGA DE 1912 EN EL VALLE DE CHICAMA

HUELGA DE 1912 EN EL VALLE DE CHICAMA

El 8 de abril de 1912, los trabajadores de las Haciendas Casa Grande Zucher Plantagen, Roma, Chiclín, Cartavio y otras se declaran en huelga por las jornadas laborales de 14 horas diarias, los bajos salarios, los precios elevados de los alimentos vendidos obligatoriamente en los bazares centrales. La huelga fue reprimida con gran violencia por la gendarmería. Gobernaba el Perú el Presidente Guillermo Enrique Billinghurst Angulo (1912 - 1914)

El 11 de abril, aproximadamente sesenta hombres de tropa, del cuartel Nº 7 de la región, fuertemente armados, se enfrentaron a varios cientos de braceros provistos de machetes, pertenecientes a la hacienda Sausal, un anexo de Casa Grande. Al abrir fuego a una distancia de 50 metros, sobre la masa de braceros que se aproximaba, la tropa dio muerte a quince de ellos, pero no logró contener el ataque y se vio obligada a abandonar la hacienda, dejándola completamente a merced de los amotinados. Como resultado, la casa-hacienda fue saqueada y quemada.

Escenas similares se repitieron en otras grandes haciendas del valle tales como Chiquitoy, Cartavio y Laredo, donde obligaron a la evacuación de técnicos y propietarios.

A los siete días de desórdenes una gran preocupación comenzó a manifestarse entre los funcionarios y comerciantes de la ciudad de Trujillo, ante el temor de que los amotinados braceros marcharan sobre la ciudad, prácticamente indefensa. En la mañana del 14, las autoridades se reunieron en la Prefectura para discutir la formación de una guardia urbana, destinada a proteger la ciudad de una posible invasión de braceros. Finalmente se decidió que tal fuerza no era ya necesaria, en vista del gran destacamento de tropa que desde Lima estaba en viaje hacia Trujillo, pero buena parte de los comerciantes suspendieron sus actividades comerciales y trancaron sus puertas.

Al día siguiente llegó al puerto de Salaverry una nave de guerra con alrededor de 300 soldados y piezas de artillería destinadas al valle. Una vez que la gran cantidad de tropa llegó a los centros más agitados del valle y que se establecieron tácticas represivas, los disturbios se suprimieron rápidamente. En forma gradual se restauró el orden y una calma relativa volvió al valle. La estimación final de los daños y perjuicios que causó la violencia fue muy elevada. Aunque el informe del gobierno, publicado posteriormente, en forma notoria no los mencionó, un informe privado preparado por la Sociedad Pro- Indígena afirmó que por lo menos 150 huelguistas habían sido muertos y muchos más heridos.

En el informe de la huelga se opinó que los bajos salarios, los abusos del sistema de enganche, las miserables condiciones de vida y lo prolongado del horario de trabajo eran las causas principales del estallido de la violencia. Evidentemente, según el informe del autor, la persistencia de esas condiciones determinó que fuera inevitable una revuelta en gran escala.

Hay crónicas que señalan que la guardia civil perseguía entre los cañaverales a los trabajadores, para matarlos. El mismo Víctor Raúl Haya de la Torre habla de 500 muertos.

En su informe gubernamental Felipe de Osma y Pardo precisa que el conflicto se debe al sistema del enganche (sistema mediante el cual se dispone de fuerza de trabajo de una persona con un salario adelantado y mantenido a través de deudas adquiridas por el trabajador), y recomienda que debe ser reformado.

El poeta César Vallejo trabaja desde 1911 como ayudante de cajero de la Hacienda Roma de Chicama y es testigo de la explotación de los trabajadores enganchados de las plantaciones de caña y de la masacre de 1912. El Grupo Norte, de Antenor Orrego, Víctor Raúl Haya de la Torre, César Vallejo, Alcides Spelucín, Manuel Arévalo y otros, no sólo se ve influido por la masacre, sino que se vincula con los trabajadores cañeros. Sin embargo, este movimiento social acaba por alimentar fundamentalmente a un movimiento político que el APRA, como relata Peter Klarén en el libro citado. Al APRA se suman no sólo los trabajadores cañeros, explotados por los terratenientes, sino también las clases medias y los propios capitalistas arruinados por los grandes hacendados. El discurso aprista es antiimperialista y va dirigido a "las clases oprimidas". Era un partido revolucionario opuesto a los grandes terratenientes y a la intervención imperialista en el Perú.


Referencia: http://www.monografias.com/trabajos96/breve-historia-casa-grande-y-sus-movimientos-reinvindicacion-socio-laborales/breve-historia-casa-grande-y-sus-movimientos-reinvindicacion-socio-laborales.shtml#ixzz4fo32Kh7F

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