LA MASACRE CHILENA DE LOS 13 BOMBEROS ITALIANOS DE LA BOMBA “GARIBALDI” DE CHORRILLOS

LA MASACRE CHILENA DE LOS 13 BOMBEROS ITALIANOS DE LA BOMBA “GARIBALDI” DE CHORRILLOS

La mañana del 14 de enero de 1881, un día después de la derrota peruana en la Batalla de San Juan, trece bomberos de nacionalidad italiana, pertenecientes a la “Bomba Garibaldi” de Chorrillos, fueron cobardemente asesinados por las tropas chilenas.

Los mártires italianos se encontraban combatiendo el fuego producido en Chorrillos por los bombardeos de los genocidas del sur. Las llamas consumían la tienda de su compatriota Queirolo, incendio que se había propagado a toda la manzana.

El primero en caer asesinado fue el bombero Giovanni Ognio, a quien le partieron el cráneo con un golpe de sable. Cayó después el adolescente Luca Chiappe, acribillado a balazos por dos sargentos del regimiento de infantería Nº 1 Buín, quienes le dispararon todas las balas que tenían en sus fusiles.

Los asesinatos continuaron con el degollamiento de los bomberos italianos Angelo Cipollini, Gio Batta Leonardi y Enrico Nerini. Obligados por la fuerza a arrojar la manguera que usaban para apagar el incendio, sufrieron los efectos del humo originado por la ruptura de la manga sobre el fuego. Asfixiados, se llevaron las manos a los ojos y no vieron los cuchillos corvos que los soldados chilenos hundieron en sus gargantas. Posteriormente rodearon a los bomberos italianos sobrevivientes, se les arrojaron encima, destrozaron rabiosamente su equipo y, apuntándoles con los fusiles con las bayonetas caladas, los tomaron prisioneros. Los genocidas recogieron lo que quedaba del equipo de los bomberos y lo entregaron al coronel invasor Fuenzalida. Acusaron a sus víctimas de alta traición y de formar parte de un equipo de francotiradores “garibaldinos”.

Los bomberos que quedaron cautivos de las bestias chilenas fueron Angelo Descalzi, Guiseppe Orengo, Egidio Valentini, Lorenzo Astrana, Paolo Marzano, Paolo Risso, Giovanni Pale y Filippo Bargna. A pesar de haber reiterado que cumplían función como bomberos y que no portaban armas, fueron fusilados la mañana del 14 de enero del 1881, tras las puertas del antiguo Panteón de Chorrillos. Previamente, los ocho mártires italianos fueron torturados. Oficiales de caballería llegados de Monterrico, sin saber ni preguntar nada, los golpearon y luego los ataron a las colas de sus caballos, arrastrándolos frente al criminal de guerra Patricio Lynch.

Días después, los peruanos Adolfo Sánchez, Polo Menéndez y José Donaire desenterraron de entre los escombros y muladares los despojos de los trece mártires italianos. Los restos de los valerosos bomberos descansan hoy en el Cementerio de Surco.


Un texto adaptado de: César Vásquez Bazán.

Comentarios

  1. Estos son hechos cometidos por endemoniados engendros no debieran ser olvidados por nuestras generaciones futuras no es por el rencor espontáneo que surge al leer estos abominables crímenes. Es parte de la necesidad por conocer la verdadera historia del Perú en la que los peruanos de esa época fueron los principales responsables por ser tan desunidos como lo somos hasta ahora. Esa necesidad de conocimiento es porque tomemos conciencia que el desarrollo integral es la única alternativa de solución para eliminar nuestra vulnerabilidad ante esa subespecie que desprecia al género humano. Debiera ser parte de la Historia del Perú que no debiéramos olvidar y pensarlo dos veces antes de extenderles la mano a estos descendientes de aquellos criminales que masacraron a esos valerosos e inocentes bomberos italianos.

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