Supersticiones y leyendas del Distrito de Casa Grande


Supersticiones y leyendas del Distrito de Casa Grande

Mal de Ojo

El mal de ojo es una creencia muy arraigada en las familias del valle Chicama, según la cual, una persona tiene la capacidad de producir daño, desgracias, enfermedades e incluso llegar a provocar la muerte a otra sólo con mirarla. Para algunas personas que ejercen el oficio de “sanadoras” (muy pocas ya en la actualidad), el mal de ojo puede ser voluntario, es decir, totalmente consciente, cuando se envidia a una persona; o involuntario, esto es, totalmente inconsciente, cuando la persona se encuentra de “mal humor”, es decir, encolerizada, o bien es producto de una profunda admiración que siente la persona hacia la otra – en aspectos “más positivos”-.
La persona afectada se dice que "está ojeada, que le echaron mal de ojo, o el ojo encima". Como contra - medidas para este mal, existen una serie de ritos que son practicadas según el entender de las familias:
a)     Pasar un huevo por todo el cuerpo del afectado, mientras se van haciendo oraciones para rechazar y conjurar el mal. Tras la acción, se abre el huevo sobre un vaso a medio llenar con agua, la formación de burbujas en la superficie o el velamiento del agua por coagulación de parte de la clara, son indicios del ojo.
b)     Pasar el papel periódico por todo el cuerpo al mismo tiempo que se realizan oraciones. Al terminar la misma, se quema el papel en un rincón de la casa exento de brisas, el crujido sonoro del papel al quemarse es un indicio del mal.
c)      Se pasa una vela por todo el cuerpo del aquejado, luego se derrite sobre una vasija a medio llenar con agua, a medida que la cera caliente se pone en contacto con el agua, va formando ciertos patrones que, según la figura que adopte, señalará al autor del ojo, o si fue algún animal el que provocó el susto.
d)     Sorber tres tragos de agua bendita mientras se reza el Padre Nuestro, se toma como un remedio efectivo para tratar el mal de ojo.
e)     A los recién nacidos se les coloca una cinta roja con un “huairuro” en la mano izquierda, como un medio para exorcizar el daño.

“Trabajo”, Daño, Maleficio

Son términos que usan los pobladores para designar acontecimientos infortunados que no pudieron ser aclarados de otra manera y que pretender alertar sobre la posibilidad de haber sido perjudicados por alguien a distancia a través de la realización de un conjunto de ceremonias rituales hechas por un brujo “malero” (que usa sus artes para el mal). Estos “trabajos” son hechos a distancia y sin que el “atacado” siquiera tome consciencia de lo que está sucediendo. La única manera de exorcizar estos “daños” son recurriendo a la némesis de los maleros, y son los “brujos blancos”, llamados también “curanderos”.

Duendes

Son pequeñas criaturas que habitan en los bosques o campos, por lo que es un requisito para su avistamiento el que haya vegetaciones frondosas o una arboleda. Son descritos como del tamaño de un niño de 3 años, pero con el rostro de una persona casi en el ocaso de la madurez, blancos en extremo, rubios en el color del pelo y pueden llevarlo corto o largo, a menudo andan desnudos y sus pies no pueden ser visualizados. Los machos de estos entes son muy enamoradizos, frecuentan a las niñas o jóvenes, las cortejan y en muchas ocasiones, al no obtener una respuesta a sus requerimientos, las hostigan y las agreden a pedradas. Las hembras, de igual inclinación que los machos, se les concede una actitud más extrema, tanto que su odio se extiende a la pareja del joven del cual están enamoradas. Hoy, aun se cuentan de avistamientos de estos seres.

El Cura (Sacerdote) sin cabeza

Se cuenta que, a finales del siglo XIX, fue destinado como pastor del rebaño de fieles a un sacerdote de muy mal carácter y vida disipada que no era acorde a lo que se esperaba de un hombre de Dios, por lo que no era una persona a la que el pueblo le tuviera afecto, aún más, la feligresía comenzó a ausentarse de las misas. Por aquellas fechas se manifestó un violento movimiento sísmico, el sacerdote se encontraba en el interior de la parroquia ocupado en sus asuntos personales, el sismo fue de tal magnitud, que provocó que el campanario se derrumbara, con tan mala suerte para el cura, que la campana le cayó encima destrozándole el cráneo. Se dice que como fue un pésimo sirviente de Dios, éste le impuso la condena de vagar por los tiempos hasta que recupere su “cabeza” (o buena cordura).

El Ahogado

Eran finales de 1890, un grupo de chiquillos disfrutaba de un momento de solaz en el campo, y caso al atardecer de ese caluroso día de verano, uno de ellos propuso un reto para el grupo, y era el de nadar en una de las acequias y cruzarlas por debajo de las compuertas, hasta emerger por el otro lado, como se ve, era una prueba de resistencia. A los niños del grupo no les pareció buena la idea, por lo que el jefe de la pandilla, por poner el ejemplo y hacer prevalecer su autoridad, se lanzó a la acequia sin medir muy bien la distancia, impactando su cabeza en uno de los bordes y al desvanecerse, fue halado por la corriente que discurría debajo del portón de la toma de agua. Sus compañeros se lanzaron a la acequia con los ánimos de rescatarle, pero su cuerpo estaba atascado, y por más tiraban de sus piernas, menos resultados obtenían. Pasados unos minutos, atemorizados regresaron al pueblo por ayuda. Los padres del menos y varios vecinos peinaron el área, pero no encontraron el cuerpo. Siguieron el curso de la acequia hasta llegar a la desembocadura del mar, pero no encontraron al pequeño. Los “regadores” (trabajadores que encauzan las acequias de los cuarteles de caña) y los “tomeros” (los encargados de abrir o cerrar las puertas de las bocatomas), afirmar haber visto a un pequeño lanzándose a la acequia por la madrugada, y al correr ellos hacia el lugar, sienten que el caudal se incrementa y la corriente se torna violenta, amenazando con llevarlos consigo.

La Gringa de Mocollope

Según esta leyenda, una joven muy guapa, blanca y abundante cabellera rubia ondulada, pernocta en la entrada al centro poblado de Mocollope, y siempre está a la espera de taxistas que ansiosos se detienen y ofrecen ayudarla, dada las altas horas de la madrugada, con el objeto de congraciarse con ella y tal vez, aspirar a algo romántico. Dicha joven sólo les permite llegar a un recodo de, pueblo, y siempre les pide la chaqueta y les da las señales de recuperarla al día siguiente en determinada casa. Cuando el enamorado chofer del momento va al sitio establecido, se da con la sorpresa que la casa está abandonada desde hace mucho y su abrigo en la sala, en una silla y en la mesa, recortes de periódicos con la foto de la joven fallecida años antes en un accidente de tráfico.

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