Una vacancia presidencial curiosa
Una vacancia presidencial curiosa
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Dr. Justo Figuerola |
Corría el año 1844 y los
caudillos Vivanco y Castilla se estaban disputando la presidencia del Perú no
por medio del voto a voto, sino a través de cañonazos, disparos, cargas a la
bayoneta y de caballería, dejando en el ínterin a cientos de muertos entra
ambas partes. Lima se había inclinado por el primero, y en su nombre pusieron
como presidente interino al presidente del Consejo de Ministros, el doctor
Justo Figuerola, respetabilísimo magistrado, hombre esencialmente benévolo y
muy servicial, reputado como el mejor latinista de Sudamérica…en resumen,
Figuerola era un buen señor, y ya se sabe que, en política con los buenos no se
va a ninguna parte.
El 11 de agosto, esto es, al día
siguiente de estar actuando como mandatario, y a poco más de las seis de la
tarde, se presentó en su domicilio una muchedumbre armada con picas, palos y
demás aditamentos que se estilan en estas circunstancias, conminándole a que renuncia.
Sus criados a duras penas pudieron cerrar el portón y fueron a comunicarle el
pedido del populacho.
El señor Figuerola, sesentón
achacoso, tenía por costumbre no salir pasadas las seis de la tarde por temor a
coger un resfrío de la húmeda atmosfera limeña, por lo que se guarecía en su
cama.
Informado por su criado de lo que
ocurría en las puertas de su casa, llamó a su nuera y le dijo:
-
“Catalina, saca la banda presidencial que
está en el primer cajón de la cómoda, abre la puerta del balcón y dile de mi
parte al Pueblo Soberano que ahí va la banda para que disponga de ella a su
regalado gusto. Añádeles que digo yo, que me dejen tranquilo y que se vayan a
la mismísima mierda”.
Fuente: “Tradiciones Peruanas”, de Ricardo Palma.
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